El mundo y sus diversos planos productivos, económicos y sociales siguen resintiendo los efectos negativos de la pandemia.

Nuestra industria del plástico no está exenta de ello y hoy más que nunca debemos ser sumamente ágiles y estratégicos en las decisiones de alto nivel que se tomen; conscientes que varios factores se salen de nuestras manos y el control de la industria local.

Hace unos meses, se comenzó a experimentar un incremento del 40% aproximadamente, en los precios de las resinas; lo cual no solo afecta los costos de nuestra producción sino la incidencia que esto representa en la cadena productiva y de abastecimiento global y nacional.

Uno de los factores más relevantes fue el cierre de las plantas productoras de esta materia prima, lo cual luego se vio agravado por el acaparamiento de este material por parte de mercados asiáticos.

A la fecha, y dada la coyuntura económica global producto del COVID-19, los precios se dispararon radicalmente; reportando a la fecha un aumento de hasta el 85%. Situación que tiene a toda una industria preocupada por los efectos que esto representa.

A nivel consumo, esto significa que un producto que antes tenía un leve o incremento de precio, hoy reflejará en el mercado un importante aumento de precio por el coste de la fabricación de su empaque o embalaje y no por su contenido.

toto

El mundo y sus diversos planos productivos, económicos y sociales siguen resintiendo los efectos negativos de la pandemia.

Nuestra industria del plástico no está exenta de ello y hoy más que nunca debemos ser sumamente ágiles y estratégicos en las decisiones de alto nivel que se tomen; conscientes que varios factores se salen de nuestras manos y el control de la industria local.

Hace unos meses, se comenzó a experimentar un incremento del 40% aproximadamente, en los precios de las resinas; lo cual no solo afecta los costos de nuestra producción sino la incidencia que esto representa en la cadena productiva y de abastecimiento global y nacional.

Uno de los factores más relevantes fue el cierre de las plantas productoras de esta materia prima, lo cual luego se vio agravado por el acaparamiento de este material por parte de mercados asiáticos.

A la fecha, y dada la coyuntura económica global producto del COVID-19, los precios se dispararon radicalmente; reportando a la fecha un aumento de hasta el 85%. Situación que tiene a toda una industria preocupada por los efectos que esto representa.

A nivel consumo, esto significa que un producto que antes tenía un leve o incremento de precio, hoy reflejará en el mercado un importante aumento de precio por el coste de la fabricación de su empaque o embalaje y no por su contenido.

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En términos técnicos de materias primas, esto significa un delta en el costo de adquisición de polietilenos de alta y baja densidad, pvc, poliestireno, resinas, el mismo petróleo, etc. Sumado es esta realidad está otro factor determinante en este desafío: La capacidad, creciente demanda e incrementos de costos del transporte marítimo, lo cual se traduce en la inflación de precios de fletes. Estimamos un incremento de más de $400 por tonelada, poniendo en jaque la capacidad de adquisición.

Las empresas fabricantes que lograron prever esta crisis a tiempo, cuentan con una importante reserva de materias primas. ¿Pero hasta cuándo lograrán aguantar con dichas reservas? ¿Los tipos de materias almacenadas son las ideales para la fabricación de productos especializados para sectores puntuales?

Algunos especulan sobre una reserva que alcanza o se logrará “estirar” hasta junio, otros dicen que hasta mayo.

En TOTO, a pesar de habernos anticipado a dicha problemática y luego de la reapertura económica, sabemos que la dinámica comercial nos demandará de un abastecimiento “normal”, a pesar de no estar en un ambiente económico regular o como lo conocíamos en el 2019.

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En términos técnicos de materias primas, esto significa un delta en el costo de adquisición de polietilenos de alta y baja densidad, pvc, poliestireno, resinas, el mismo petróleo, etc. Sumado es esta realidad está otro factor determinante en este desafío: La capacidad, creciente demanda e incrementos de costos del transporte marítimo, lo cual se traduce en la inflación de precios de fletes. Estimamos un incremento de más de $400 por tonelada, poniendo en jaque la capacidad de adquisición.

Las empresas fabricantes que lograron prever esta crisis a tiempo, cuentan con una importante reserva de materias primas. ¿Pero hasta cuándo lograrán aguantar con dichas reservas? ¿Los tipos de materias almacenadas son las ideales para la fabricación de productos especializados para sectores puntuales?

Algunos especulan sobre una reserva que alcanza o se logrará “estirar” hasta junio, otros dicen que hasta mayo.

En TOTO, a pesar de habernos anticipado a dicha problemática y luego de la reapertura económica, sabemos que la dinámica comercial nos demandará de un abastecimiento “normal”, a pesar de no estar en un ambiente económico regular o como lo conocíamos en el 2019.

Sin duda una crisis que no se había experimentado en casi 30 años y que a la larga desgasta todo el ciclo de la cadena productiva y económica local, regional y mundial.

De continuar esta tendencia, se anticipan mayores incrementos en los precios de productos de todo tipo, desde alimentos, bebidas, farmacéuticos, de higiene, hogar etc. Esto se traduce a un fuerte impacto en la oferta – demanda, suspensión de labores y que las plantas productoras entren a un ciclo de desaceleración o hasta cierre de operaciones.

A grandes rasgos y visto bajo una perspectiva sumamente generalizada esto sería un fuerte golpe en al menos 80 empresas, que de manera directa, dependen de los plastiqueros y más de 8,000 empleos directos.

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Sin duda una crisis que no se había experimentado en casi 30 años y que a la larga desgasta todo el ciclo de la cadena productiva y económica local, regional y mundial.

De continuar esta tendencia, se anticipan mayores incrementos en los precios de productos de todo tipo, desde alimentos, bebidas, farmacéuticos, de higiene, hogar etc. Esto se traduce a un fuerte impacto en la oferta – demanda, suspensión de labores y que las plantas productoras entren a un ciclo de desaceleración o hasta cierre de operaciones.

A grandes rasgos y visto bajo una perspectiva sumamente generalizada esto sería un fuerte golpe en al menos 80 empresas, que de manera directa, dependen de los plastiqueros y más de 8,000 empleos directos.

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